Visita al Chillida Leku
- Editorial

- 8 jul
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Este lunes 6 de julio, tuvimos la oportunidad de visitar Chillida Leku invitados por su directora, Mireia Massagué. Jaume Torres, presidente de ARS Foundation, y Marta Areny, secretaria general de la fundación, recorrimos los jardines y la colección del museo que Eduardo Chillida concibió en vida en el caserío de Zabalaga, en Hernani, muy cerca de Donostia, un encuentro privado que fue, ante todo, una lección de cómo el tiempo y la complicidad institucional pueden sostener un proyecto cultural durante décadas.

Chillida Leku ocupa cerca de once hectáreas de bosque y prado en las que más de cuarenta esculturas monumentales de Eduardo Chillida dialogan con el paisaje y entre sí, en torno a Zabalaga, el caserío del siglo XVI que el propio artista restauró para albergar parte de su obra. El museo, abierto por primera vez en el año 2000, cerró sus puertas en 2010 en el contexto de la crisis financiera y permaneció inaccesible al público durante casi una década, hasta que en 2019 reabrió de la mano de Hauser & Wirth, galería que representa en exclusiva el legado de Chillida desde 2017 y que, en colaboración con la familia del escultor —propietaria de la finca—, profesionalizó su gestión y garantizó su continuidad.
Mireia Massagué dirige Chillida Leku desde 2018. Llegó al proyecto tras haber dirigido el Gaudí Exhibition Center y haber trabajado en el Teatre Nacional de Catalunya, y desde entonces ha convertido la reapertura del museo en algo más que un hito puntual: un modelo de gestión exitosa y sostenida en el tiempo, construido junto a la familia Chillida y a Hauser & Wirth, que hoy sitúa a Chillida Leku como referencia internacional de cómo un legado artístico privado puede permanecer abierto, vivo y accesible.
Para ARS Foundation, encuentros como este forman parte de un ejercicio que consideramos esencial: tejer complicidades con otras instituciones artísticas internacionales que, como nosotros, trabajan en la intersección entre el arte, el territorio y la sostenibilidad de los proyectos culturales a largo plazo. Chillida Leku es, en ese sentido, un caso de estudio obligado —la manera en que una galería, una familia y una directora han sabido construir juntas una institución capaz de perdurar— y una conversación que esperamos seguir cultivando en los próximos meses, a medida que ARS Foundation avanza en sus propios programas de escultura en espacio público.

No es casualidad que esta visita llegue en un momento en que ARS Foundation trabaja ya en una Bienal Internacional de Escultura en espacio público para 2028. Proyectos como el de Chillida Leku —donde la escultura no se exhibe en una sala cerrada, sino que ocupa y transforma un territorio— son exactamente el tipo de referencia que queremos tener presente mientras diseñamos un programa propio de intervenciones site-specific. Aprender de quienes ya han recorrido ese camino, y hacerlo desde la conversación directa con instituciones como Hauser & Wirth, es parte de cómo entendemos la diplomacia cultural: no como una declaración de intenciones, sino como una red de relaciones que se cultivan visita a visita.
Agradecemos a Mireia Massagué su generosidad al abrirnos las puertas de Chillida Leku y su tiempo para compartir con nosotros la historia de un proyecto que, más de veinte años después de su primera apertura, sigue demostrando que el arte en el paisaje solo perdura cuando detrás hay instituciones dispuestas a apostar y personas como ella capaces de asumir el reto con profesionalidad y entusiasmo.

